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Duco, uno más de
la casa

Cada perro, que llega a un hogar, es por algún motivo. Es decir;
detrás de la llegada de ese perro a casa, hay una historia,
contando, el porque tenemos a ese perro.
Unos compran un perro, porque se sienten solos y el perro les hará
compañía, así que van a un criador o a una tienda de animales y lo
compran, a otros se lo regalan, otros se los encuentran y deciden
darle hogar, etc..
Yo
tengo cuatro perros y un gato y cada uno de ellos llegó a casa en un
momento distinto de mi vida y por un motivo distinto.
Hace más de 10 años que me dedico a adiestrar a perros, por lo tanto
historias caninas, tengo muchas, unas más graciosas, otras más
serias, algunas tristes, etc.…pero en este relato ( real) voy a
contaros la llegada de Duco, (un fox terrier de dos años a casa),
mis otros tres perros y mi gato, también entraron a casa con una
historia, pero la de Duco es algo inusual y además , porque cuanto
menos, deja abiertas muchas hipótesis, que no podremos contrastar .
Yo
pensaba que ya me había pasado de todo con los perros y con los
dueños de los perros, pero no es así. Por suerte o por desgracia,
cada día que vivimos es una aventura nueva y nunca lo sabemos todo,
así que constantemente, a los que estamos con perros, nos pasan
anécdotas caninas.
Todo empezó, un sábado del mes de mayo, de este año 2005, alguien me
llamó desesperado, porque decía que su perro, ladraba en exceso
cuando el salía de casa, esta conducta anómala la tenía desde que se
mudaron de Málaga a Granada. Por lo visto el perro no se adaptaba al
nuevo hogar y al marcharse su dueño a trabajar o salir de copas, el
perro, ladraba mucho y esto había hecho que los vecinos le llamaran
la atención. El hombre desesperado ante esta situación, decidió
acudir a un profesional, para corregir esta conducta.
Tan desesperado estaba, que esa misma tarde me trajo el perro a
casa, para que empezara con las clases de educación.
Vino a casa y eligió la opción de adiestramiento en residencia, así
que, me dejó al perro, me pagó y se marchó.
Le
dije que podía venir a verlo cuando quisiera y asimismo podía llamar
siempre que quisiera.
Pasó el sábado y pasó el domingo, al llegar el lunes, a eso de las
once de la mañana, me llamó, para saber como había pasado el fin de
semana Duco, pero yo estaba comprando y no le podía atender así que
no contesté al teléfono y más tarde le llamé yo a él. Efectivamente
quería saber de su perro, le dije que todo iba bien y poco más. Me
dijo que ya me llamaría o que le llamase cuando su perro estuviera
educado. Sin más colgué.
Pasaban las semanas y no llamaba, pero no es para preocuparse, hay
dueños que me llaman más a menudo, para ir sabiendo de la educación
de sus perros y otros que llaman menos o incluso algunos (los que
menos) no llaman hasta que yo les digo que vengan a recoger a su
perro y dar clases con ellos, para que aprendan a realizar los
ejercicios con el perro. Así que, hasta aquí, todo era normal.
Llegó el día que tenía que llamarle, para que viniera a recoger a
Duco y empezar a dar las clases. Lo llamé, quedamos y vino. Dimos
una clase, muy amena, el estaba contento con todo lo que había
aprendido su perro de obediencia, ya lo podía sacar a la calle y no
daba tirones de la correa, se sentaba a su lado y no se le subía
encima para saludar, lo soltaba a jugar y cuando lo llamaba acudía,
etc.. y además le corregí la conducta anómala de ladrar en exceso,
en ausencia de su dueño.
Todo muy bien!
Al
terminar la clase, quedamos para dar otra clase al día siguiente y
le dije que se comprara un collar de adiestramiento y una correa.
Así lo hizo. Al día siguiente, trajo su collar y correa nuevos y
dimos otra vez clase. Esta vez, al terminar la clase, le dije que ya
se podía llevar a Duco, era viernes y ya sólo nos quedaría la clase
del lunes para terminar. Pero, me dijo, que iba a salir de viaje el
fin de semana y que prefería que Duco se quedara esos dos días más
conmigo, si no era molestia. Me lo quedé sin problema y además pensé
en aprovechar el fin de semana y darle más clases a Duco. Llegó el
lunes, habíamos quedado a las seis de la tarde…y a Duco y a mi, nos
dieron las seis y las siete, las ocho, las nueve y las diez… (Como
dice la canción de Sabina) y no apareció Fernando (dueño de Duco).
Al
día siguiente, al mediodía, viendo que no me llamaba, para decirme
porque no había venido y para quedar otra vez, pues le llamé yo.
Menuda sorpresa!! Me sale una voz diciéndome: - El numero al que
llama no existe. Y pensé: TOMA!! ¡¿Ahora que?!
Bueno, esperar es lo que tocaba. Pasado un tiempo prudencial, lo
pusimos en venta, le enseñamos más ejercicios de los que ya sabía.
El precio era elevado, así me aseguraba de que la persona que lo
comprase lo cuidaría bien, o quizás lo hice porque ya le tenia mucho
cariño, sea lo que sea, han pasado ya seis meses, su antiguo dueño
no ha dado señales de vida y ahora Duco ya no está a la venta, ha
pasado a ser uno más de nuestra casa.
Duco es un perro cariñoso, simpático, noble, con una buena capacidad
de aprendizaje, un buen perro de compañía, que lo trajo su dueño a
mi casa y no volvió más a por él.
Una de las hipótesis que barajamos, es que en aquél viaje que hizo
su dueño (ex - dueño ahora) algo le pasó que le ha impedido volver a
por Duco. Es por eso que al principio de este relato, decía que se
pueden formular muchas hipótesis del porque no acudió a la cita que
teníamos, pero que no podemos verificar ninguna, sólo el ex – dueño
de Duco tiene la respuesta. De todas formas, no es muy normal, que
alguien pague a otra persona, para que haga un trabajo y después se
desentienda sin dar explicaciones.
Bueno, esta es una historia canina con un final feliz, Duco tiene un
nuevo hogar y una familia nueva donde ha aprendido muchas cosas,
como por ejemplo saludar y con un saludo de Duco y otro mío nos
despedimos.
Eva León
Adiestradora Profesional Titulada por la Escuela
Andaluza de Adiestradores
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